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Fotos: Pablo G. Fernandez, Mariana Quiroga, Matias Jovet
Dirección: Av. de Mayo 1370
Participación cancelada
Por motivos ajenos a la organización de Open House Buenos Aires, este espacio/actividad ha decidido retirar su participación de la edición 2026 del festival.
Descripción
En 1894 se terminaban las obras de apertura de la Avenida de Mayo, el gran eje que conecta Plaza de Mayo con Plaza del Congreso. Su construcción implicó la demolición de la franja central de las manzanas comprendidas entre las actuales calles Hipólito Yrigoyen y Rivadavia, dejando a ambos lados de la nueva avenida una serie de lotes profundos, muchos de ellos con doble frente.
Esta particular condición dio origen a una tipología muy característica de la Avenida de Mayo: el hall pasante, un espacio que atraviesa el edificio y conecta ambas calles, y que en algunos casos se convirtió también en pasaje comercial.
En uno de estos lotes, el empresario textil italiano Luis Barolo decidió construir un edificio de oficinas. Para llevar adelante el proyecto convocó al arquitecto Mario Palanti, también italiano, con quien compartía una particular visión: hacer de la arquitectura algo más que una respuesta funcional. El resultado sería uno de los edificios más singulares de Buenos Aires.
El Palacio Barolo se organiza alrededor de un gran pasaje central y un hall monumental de tres niveles, atravesado por balcones y coronado por una sucesión de espacios abovedados. Ascensores, sistemas técnicos, una usina propia, depósitos subterráneos y una estructura de hormigón armado de avanzada para su época formaban parte de un edificio pensado como una verdadera máquina urbana.
Hacia arriba, la arquitectura se transforma. Una mansarda de tres niveles da paso a la torre, donde aparecen balcones semicirculares, arcos apuntados y pequeños torreones, hasta llegar a su gran cúpula. En lo alto se instaló un faro giratorio que, en los primeros años del edificio, podía ser visto desde la costa uruguaya.
Con sus 100 metros de altura, el Barolo fue, al momento de su construcción, el edificio con estructura de hormigón armado más alto de Sudamérica. Su altura superaba ampliamente la permitida para la Avenida de Mayo, algo que fue posible gracias a un permiso especial otorgado por el intendente de la Ciudad.
Pero quizás uno de los aspectos más interesantes del Barolo sea justamente su dificultad para ser encasillado. Aunque muchas veces se lo relaciona —erróneamente— con el Art Nouveau, el edificio se inscribe dentro de un eclecticismo de carácter monumental, donde Palanti reúne referencias de distintas tradiciones históricas y las transforma en un lenguaje propio. Hay algo medieval, algo oriental, algo industrial y algo futurista. Todo convive en una misma arquitectura.
Y esa capacidad de reunir mundos diferentes sigue siendo parte de su identidad.
Más de cien años después, el Palacio Barolo continúa transformándose. Hoy sus espacios reúnen a estudios de arquitectura y diseño, proyectos vinculados al arte, la cultura y la innovación, y se ha convertido en un verdadero polo cultural dentro de la Avenida de Mayo.
El edificio vuelve a ser recorrido, habitado y descubierto de distintas maneras: a través de sus oficinas, sus espacios de trabajo, las visitas guiadas, sus cafeterías y sus miradores. La arquitectura deja así de ser solamente patrimonio para convertirse nuevamente en un lugar de encuentro.
Quizás allí esté una de las claves de su permanencia: el Barolo no es un edificio detenido en el tiempo. Es un edificio que sigue cambiando, incorporando nuevos usos y nuevas miradas, sin perder la potencia de la arquitectura que lo hizo único desde el comienzo.
Texto: Arq. Mariana Quiroga. Directora de AtelierContinuo




















